Las legumbres son altamente saludables y su cultivo es sostenible, con una baja huella de carbono, una baja necesidad de aporte hídrico y, sobre todo, y disminuye el consumo de fertilizantes gracias a que puede fijar el nitrógeno atmosférico gracias a su interacción con las bacterias del suelo. Además del aporte nutricional: proteínas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales, no contienen gluten, ayudan al control de la tensión arterial y el colesterol (Arnoldi et al., 2015), y su consumo se relaciona con la reducción de riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y diabetes (Singhal et al., 2014). La investigación reciente demuestra que incluso los llamados factores antinutritivos de las legumbres pueden tener un efecto bioactivo beneficioso sobre determinadas patologías y, en concreto, acción quimiopreventiva contra el cáncer (Sánchez-Chino et al., 2015). Estos aspectos bioactivos son altamente dependientes en la dosis de consumo de las leguminosas.
Bibliografía